La educación comunitaria es una acción formativa que tiene como principal objetivo fortalecer la estructura de los miembros de una comunidad, estimulando que sus miembros, grupos y entidades se conviertan en los gestores de su transformación comunitaria, de su desarrollo y de su bienestar propio.

La educación comunitaria surge entre los años de 1950 y 1970, principalmente en Estados Unidos e Inglaterra, cuando después de la segunda guerra mundial se observó la necesidad de retomar y restaurar la realidad de sus comunidades mediante proyectos educativos, orientados a construir competencias laborales que les fueran útiles a las personas para insertarse eficientemente al sector productivo, o bien para crear sus propias empresas y reactivar así sus economías que se vieron afectadas por las secuelas de la guerra.

Se entiende por educación comunitaria aquella que se pretende conseguir de manera sistemática e intencional en ámbitos extraescolares como parte de los programas de desarrollo de las comunidades constituidas por individuos que toman conciencia de sus problemas y necesidades y aspiran a mejores condiciones de vida.

Para el profesor Quintana Cabanas (1991, pp. 18-19) la educación comunitaria encuentra su cobertura teórica y técnica en el ámbito disciplinar de la Pedagogía Comunitaria. De la misma manera que aquélla se sitúa en el marco de la educación social, ésta lo hace dentro de la Pedagogía Social, y por tanto comparte su mismo carácter científico y sus mismos principios y planteamientos metodológicos. Por otra parte, puede afirmarse que el propósito de ambas no es otro que ocuparse de los aspectos educativos del desarrollo comunitario. Señalemos, por último, que el campo de acción e intervención de la educación comunitaria debe situarse además dentro de los Servicios Sociales Comunitarios de ámbito local, quienes desde su privilegiada situación, constituyen un marco de referencia indispensable para activar el desarrollo de una acción comunitaria participativa. (Bueno Abad, 1991, p. 144; Madrigal de Torres y García-Longoria, 1993, p. 47)

«De algún modo se trata de establecer una Pedagogía Social crítica, fuerte y significativamente contextualizada en las realidades comunitarias, capaz de actuar como soporte teórico-práctico en el logro de una sociedad educadora (máxima representación de la educación Permanente) que hace frente a su marginación...
Así la Pedagogía Social debe asumir –no en exclusiva– la misión de proporcionar a todos los habitantes, recursos de conocimiento y expresión adecuados (y de los que históricamente se les ha privado), para que ellos mismos sean agentes configuradores de la praxis que les es propia, a partir de un aprendizaje más autónomo, activo, creativo y liberador. La Pedagogía Social estará de este modo al servicio de una educación comunitaria, que se identifica con el desarrollo comunitario en un marco de intereses y necesidades que presenta una comunidad que tiende hacia la autodeterminación» (Caride, 1992, p. 34)


Paulo Freire (1970) proponía que toda educación era comunitaria, ya que el aprender a leer la letra conllevaba aprender a leer el mundo, y esto solo se puede hacer a través del dialogo con otros miembros de la sociedad. Freire (2001) hace referencia a como la educación ha de ir unida a la concienciación de la realidad social, y es está la que permite la movilización y la transformación de las condiciones de partida, buscando un mundo mejor.

La Educación Comunitaria se orienta al enriquecimiento y despliegue de las potencialidades y aprendizajes personales, sociales, ambientales y laborales, para el ejercicio pleno de la ciudadanía y la promoción del desarrollo humano. Este tipo de educación fomenta el desarrollo de la comunidad y compromete a las organizaciones de la sociedad en la formación de las personas, el fortalecimiento del tejido social y contribuye a la construcción y ejercicio pleno de la ciudadanía promoviendo el protagonismo de la persona en su entorno, como sujeto de derecho y responsabilidades. (Reglamento de la Educación Comunitaria, 2005 ).

La educación Comunitaria intenta interrelacionar, integrar y globalizar acciones formativas con el resto de las intervenciones (social, sanitaria, psicológica, económica... ), bajo la aspiración y el compromiso de ayudar y contribuir a la promoción, optimización y capacitación –temporalmente amplia e integralmente definida– de los recursos humanos comunitarios. Su fin es el de crear mayores cotas de igualdad de oportunidades con vistas a lograr en la población una implicación libre, activa, responsable, solidaria y cooperativa, democrática, participativa, articulada y organizada en la programación, ejecución, gestión y evaluación de acciones de transformación, bienestar y desarrollo de la comunidad. Una formación, en fin, enmarcada dentro del proceso mismo de animación socio-comunitaria y entendida por tanto en términos de acción social y de promoción comunitaria (participación y auto-organización), y no desde objetivos puramente asistenciales o de simple consumo de actividades y servicios educativos (Bhasin, 1991).

Entendida así, la Educación Comunitaria es una forma de educación que se realiza desde las organizaciones de la sociedad que no son instituciones educativas formales de cualquier etapa, nivel o modalidad, y que tiene como finalidad: ampliar y enriquecer articuladamente los conocimientos, capacidades, actitudes y valores de las personas, de todas las edades, con o sin escolaridad. Se orienta al enriquecimiento y despliegue de las potencialidades y aprendizajes personales, sociales, ambientales y laborales, para el ejercicio pleno de la ciudadanía y la promoción del desarrollo humano. Es parte del Sistema Educativo Nacional por cuanto el Estado la promueve, reconoce y valora. Involucra a la familia, organizaciones comunales, gremios, iglesias, organizaciones políticas y organizaciones sociales y culturales en general, así como a empresas, medios de comunicación y diversas instancias del Estado: gobiernos locales, regionales, nacional y organismos públicos, en el marco de una sociedad educadora. (ODAER - Organización para el desarrollo ambiental y la educación regional ).

La educación comunitaria es básicamente promocional y normalizadora de la participación, es decir, su objetivo prioritario será el crear y promover las condiciones necesarias para la actuación autónoma de las comunidades y para la autodeterminación de su acción social. La función educativa, sus instituciones y agentes, deben considerarse como instrumentos y medios al servicio de la puesta en funcionamiento de la motivación, implicación, participación, auto-organización y autogestión ciudadana, como elementos que permiten avanzar a las personas en la solución de sus propios problemas (incluidos los de marginación social), en la satisfacción de sus necesidades, en el desenvolvimiento de sus intereses, en la realización de sus aspiraciones, en el logro de sus objetivos, en la activación del cambio y la transformación social y en definitiva, en una autoconstrucción y desarrollo integral e integrador. (García Martínez, 1993, pp. 34-37).

La Educación Comunitaria también contribuye a la construcción y ejercicio pleno de la ciudadanía promoviendo el protagonismo de la persona en su entorno, como sujeto de derecho y responsabilidades.

Contribuir con el desarrollo de la comunidad y comprometer a las organizaciones de la sociedad en la formación de las personas, el fortalecimiento del tejido social y el desarrollo de una conciencia ecológica y ética son los objetivos principales de las acciones de educación comunitaria. También, de alguna manera, complementar la educación que se imparte en los Programas e Instituciones Educativas. Y Contribuir con una educación inclusiva y continua, para todas y todos, durante toda la vida. De manera resumida, podemos destacar cinco objetivos de la educación comunitaria:

  • Contribuir al desarrollo integral de la persona en sus aspectos físico, socio afectivo y cognitivo, en su desempeño laboral y empresarial, en su desarrollo cultural y en todas las dimensiones de su vida.
  • Contribuir a la construcción y ejercicio pleno de la ciudadanía promoviendo el protagonismo de la persona en su entorno, como sujeto de derecho y responsabilidades.
  • Contribuir con el desarrollo de la comunidad y comprometer a las organizaciones de la sociedad en la formación de las personas, el fortalecimiento del tejido social y el desarrollo de una conciencia ecológica y ética.
  • Complementar la educación que se imparte en los Programas e Instituciones Educativas.
  • Contribuir con una educación inclusiva y continua, para todas y todos, durante toda la vida

Finalmente, podríamos señalar que la Educación Comunitaria tiene las características siguientes:
    1. Es heterogénea porque atiende necesidades educativas de diferentes personas, en diversas edades y situaciones, utilizando variados procesos pedagógicos.
    2. Es flexible porque se adecua a las características específicas de las personas, de sus grupos, en sus respectivos entornos socio-culturales y económico-productivos.
    3. Es significativa porque se define y organiza en función del desarrollo de aprendizajes orientados a mejorar la calidad de vida de las personas y de sus grupos.
    4. Es participativa porque compromete la intervención de diferentes actores a través de sus desempeños humanos.
    5. Es multidisciplinaria porque considera el concurso de diversos saberes y fuentes del conocimiento humano.